6 de febrero de 2012

La historia de un término medio, o aprendiendo a leer y escribir


 Cuando Joel era pequeño, cometí el error de enseñarle las letras antes de que estuviese preparado para aprenderlas. Preparado significa antes de que le interesasen / antes de verles utilidad / antes de saber qué podía hacer con ellas.

Pero yo pensaba que si en los colegios las enseñan a los tres, y el niño a los seis pasa a Primaria sabiendo leer un poco, yo también lo podría hacer en casa. Máxime teniendo sólo a un niño de quien ocuparme, y no una media de veinticinco (cuánta candidez de mi parte).


Me inventé cositas que pudieran ayudarle, como lo de dedicar una semana a cada letra, informarme del aprendizaje de la lectoescritura por el método constructivista y cosas así (tuve la ilusión de que aprendiese a leer antes de los cinco años. ¡Qué gran logro para la educación en casa!).

Craso error (caída en el pozo oscuro que aparece cuando te das cuenta de que todo el material que has preparado para que el niño aprenda le es indiferente. Pasa de ello totalmente).

El niño no se interesaba apenas por las letras. Con cuatro o cinco años realmente lo único que sabía escribir era su nombre con mayúsculas (a esta altura me costaba un poco mantener la calma).

Llegaron los seis años más o menos igual. Visto lo visto, yo apenas era creativa con el aprendizaje, o sea que trabajábamos más con fichas y cosas así, ya preparadas (porque si hay que hacerlo, se hace, pero hacerlo pa ná...).


Mi amiga Upe me habló de unos libritos de La Galera para aprender las letras, dirigidos a niños de menos de cinco que a Joel le gustaron, porque se trabajaba con pasatiempos. Empecé entonces a ver la luz de nuevo, porque Joel comenzó a aprender las letras con más facilidad, siempre en mayúsculas, eso sí.

Pasó un año de aprendizaje lento, no siempre bien recibido por el niño. A Joel, como a tantos niños de su edad, supongo, le cuesta estar sentado mucho rato haciendo cosas para las que él no haya tomado la iniciativa. Doy por hecho desde hace tiempo que este es un comportamiento normal, y que los que los que lo queremos imponer somos los que no hemos observado que estamos contrariando una normalidad biológica.

Pero si Joel quiere una madre con salud mental, tendría que admitir un término medio. Y lo ha hecho, por cierto.

Un término medio en "nuestro" camino del aprendizaje de la lectoescritura es trabajar un poco cada día 'escolar', unos cinco o diez minutos, y hacerlo "porque sí", porque lo digo yo. Porque pienso que aprender a leer y escribir es importante para Joel, para su desarrollo personal y social, y no quiero dejarlo a su libre albedrío, o sea, que aprenda cuando quiera. Porque me podría encontrar con un adolescente que lea como un niño de cuatro años y no lo deseo (ya estaría hace tiempo tomado un antidepresivo o engordando a base de grasas saturadas e hidratos de carbono de rápida absorción).

Yo creo en ese término medio.

Creo que Joel no va a sufrir ningún trauma por utilizar un libro de texto para aprender a escribir y leer; un libro de texto que le gusta, y que es lo único que se pone a hacer de forma espontánea casi siempre y sin protestar; dedicándole unos diez minutos cada día, y aprendiendo las letras también en minúscula, cuando son las mayúsculas las que usa habitualmente por comodidad.

[Joel leyendo ¿Tres han de ser?, de Darabuc]

Ahora, ya a mitad de los siete años, seguimos recogiendo el fruto de este trabajo diario.
Joel lee ahora cualquier -cualquier, repito- cartel que encuentra, o pintada en la pared, o título de libro, o lo que sea que llame su atención.

Se irrita sobremanera con los rápidos subtítulos que aparecen en la tele y que no le da tiempo a leer, perdiéndose lo que dice alguien y no entendiendo el chiste.

El otro día, le sacó él un libro de la biblioteca a su hermana, y cuando llegó a casa se puso a leérselo por iniciativa propia. Esto me emocionó mucho (snif, snif).

La conclusión de todo esto es: paciencia, las cosas llegan cuando han de llegar, pero hay que preparar el camino previamente. Tener un objetivo más o menos claro -aprender a leer y escribir-, buscar la forma de conseguirlo -esperar a una edad razonable y buscar un método que al niño le vaya bien-, y trabajar un poco cada día, pueden ayudar a llegar a donde uno desea.

Toda esta historia no ha llegado a su fin. Joel tiene siete años y lee un poco. Por suerte, comprende lo que lee. Aún nos quedan muchos hitos en su camino como lector, pero una de las cosas que he aprendido, y que parece el tópico del que se habla habitualmente en esto de la educación en casa, pero que es cierto, es que no hay que forzar el aprendizaje... demasiado.

Que hay que ofertar, hacer strewing, insistir sólo un poquito, estirar la goma pero no llevarla al límite de la rotura, construir andamios, estimular al niño... Llamadlo como queráis, pero entra dentro de nuestra labor de padres el ayudar al niño a descubrir lo amplio que es el mundo y a que encuentre su lugar en él, a veces haciendo cosas que al principio le puedan suponer un cierto esfuerzo y que puede ser que no le agraden demasiado. Si ve que el resultado le enriquece, la motivación por aprender quizás sea mayor y cueste menos para ambas partes (nota optimista al final).

10 comentarios:

Silvia dijo...

Oye, la historia de Joel, es la historia de mi hija mayor, ja ja ja. Si copio y pego y cambio los nombres de él por mi hija, y el tuyo por el mío, voilá...
Bueno, lo de escritura no, porque mi hija tiene buena letra, pero lo de gustarle, como a Joel, pues se lo tengo que hacer cortito, ja ja ja. Y también la pongo a leer... después de una época de que ni fu ni fa, sin ir más lejos tengo un vídeo del sábado este leyendole a su hermana, sniff... también me saltan las lágrimas. Y como Joel, tiene siete y unos meses. Y me salta, mami, aprecio mucho los libros que nos compras, gracias, me encanta leer... y le salto yo, de donde vienes con eso, la que hace unos días odiaba la lectura, ja ja ja... bueno, creo que entonces ni tanto ni tan calvo. Pero me alegra ver que mi ponerla un poquito y estirar algo la goma está dando frutos. Y me alegra ver que su comprensión es muy buena y que va viniendo ese amor por la lectura.

Silvia dijo...

Perdón, que no te dije ENHORABUENA, y abrazos a Joel y Vina, y un té a la madre, o café, lo que prefieras.

Sylvia dijo...

Y sabes que? Ese es un error que cometemos más de una!! Aquí Damian ya lee bien y entiende lo que lee pero aún le queda camino para llegar a la fluidez. Y lo que le ha hecho avanzar mucho es la rutina, los trabajos cortitos y dejarle hacer, dejale crear, pintar, dibujar que es lo suyo y así ha avanzado mucho, eso simplemente. Y yo que pensaba ponerme la medalla jajaaj

Un beso grande!!

Silvia dijo...

Yo igual, Sylvia, pensaba colgarme la medalla y hoy, fregando los platos, he meditado seriamente que no creo que enseñemos a ningún niño a leer, fíjate, creo que les exponemos, a veces más relajadamente, otras más forzadamente, y lo mejor, con consistencia y a poquito como dices, y ellos van madurando como la fruta, je je je.

Maria Calderón dijo...

De todas formas sí creo que debiéramos colgarnos una pequeña medalla. Estamos siendo persistentes, frente a la desgana o al dificultad que encuentra el niño, intentando hallar un balance diario entre que el niño estudie un poco y que no se sienta presionado.

La lectoescritura es de las pocas cosas que hay que enseñar. No es algo que se pueda -normalmente- aprender espontáneamente, porque es un sistema creado artificialmente por el ser humano para comunicarse y transmitir la cultura.

Eso de los niños que aprenden a leer solos... pues habría que ver hasta qué punto es verdad, y no les ha enseñado nadie.

Y si no, que le pregunten a Champollion, que hasta que no localizó la piedra Rosetta no fue capaz de leer los jeroglíficos.

1beso, chicas.

Silvia dijo...

LOL. Pues si, nos daremos al menos una palmada en la espalda por esa constancia. En ingles mucha gente dice que el hombre propone y Dios dispone. Quiza sea igual en la lectura, la madre/maestra propone y el ninio dispone, ja ja ja. Lo que es cierto es que podemos proponer o comenzar con esto a los dos meses o antes que solo cuando el ninio este maduro para leer leera, pero si no proponemos muchos se quedaran sin la habilidad de llegar alli, o les costara mucho mas, eso sin duda.

Silvia dijo...

A proposito, Maria, lo arreglaste, ahora en IE se ve cada post con un cuadrito de la foto.

Maria Calderón dijo...

Eso parece, Silvia. Gracias por decírmelo.

Eva dijo...

María qué genial entrada!! Me hace mucha ilusión que tu peque ya esté leyendo. Me veo muy reflejada en tus palabras.

David tiene ahora seis años y medio y está lejos aún de leer de forma autónoma, ahora puede leer -si se esfuerza- frases cortas, y veo gran mejoría, pero la cosa va lenta.

Lenta precisamente porque pienso como tú, no se debe forzar la lectura porque hay muuuuuchos niños que le cogieron manía, eso sucede, y por eso hay que ser cuidadosa.

Yo desde hace unos meses tengo claro que "algo" al día de leer o escribir se hace. La manera siempre es lúdica y él ni se entera, la verdad. A veces son tres ratitos de dos minutos, o dos de cinco, o un rato largo de quince al día, pero algo se hace SIEMPRE. Y así es como veo que el proceso va solo y avanza.

Ahora, desde hace algún tiempo no tengo que estar tan pendiente porque lo hace él sólo, parece que ha cogido la marcha y cada día siempre tiene un rato en que quiere escribir algo o me pregunta por sonidos o lee una palabra. Ahora lo único en lo que sigo pendiente es en la escritura a mano en minúsculas, voy viendo que cada tres o cuatro días practique algo, porque sino entre escribir en mayúsculas y en el ordenador, que ya hace ambas cosas muy bien y muy autónomo, veo que no quiere aprender a hacer las minúsculas, y creo que eso es necesario también.

Con mi peque, de todos modos, lo que mejor funciona es que yo me ponga a escribir un poco junto a él y enseguida se apunta.

Gracias por tu bonita reflexión, me ha encantado.

Un abrazo

Eva

Maria Calderón dijo...

Por lo que cuentas, Eva, Joel está más o menos igual que David. Lo de las minúsculas me trae por la calle de la amargura (ejem, ejem , quizás he exagerado) porque las hace bastante horribles si usa la grafía de las cartillas Rubio, así que he optado por enseñarle con una de letras no ligadas, y aunque le cuesta, el resultado es más legible.

Con esto de leer y escribir, y con las mates, pienso que hay que seguir el ritmo que marca cada persona para aprender y no forzar. Porque si uno se centra demasiado en el resultado inmediato, en que aprenda a leer a los cinco años como hacen en los coles, te puedes encontrar con niños que aborrecen la lectura y la escritura, pongamos con ocho años, o antes.

1beso, guapa, y gracias por compartir.