-¿No critica [Lotaria] los libros que lees?
-¿Yo? ¡Yo no leo libros! -dice Imerio.
-¿Qué lees, entonces?
-Nada. Me he acostumbrado tan bien a no leer que ni siquiera leo lo que cae ante mis ojos por casualidad. No es fácil: nos enseñan a leer desde niños y durante toda la vida seguimos esclavos de todos los chismes escritos que nos ponen delante de los ojos. Quizá hice cierto esfuerzo también yo, en los primeros tiempos, para aprender a no leer, pero ahora me sale muy natural. El secreto está en no negarse a mirar las palabras escritas, al contrario, hay que mirarlas intensamente hasta que desaparecen.
Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino
