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10 de junio de 2016

Como es bien sabido, los colegios de otra época solían bombardear a los niños de familias ricas con la gramática latina; en los exclusivos internados británicos de hace cien años apenas si se enseñaba más que griego y latín. La idea no era, sin embargo, abrir la puerta a los alumnos a toda una sugerente literatura antigua que pudieran leer con soltura en el original, sino inclulcarles los modos de pensamiento lógico que, supuestamente, uno adquiría mediante un atento aprendizaje del conjunto de las reglas gramaticales. En la época victoriana existía, aunque modesta, toda una industria de libros de texto -algunos continúan reimprimiéndose- cuyo objetivo era echar luz sobre dichas reglas, nombrar y describir las partes de la gramática: el gerundio y el gerundivo, el amo-amas-amat, el ablativo absoluto, el estilo indirecto, el supino de confiteor, la oración condicional en oratio obliqua, los verbos en -μι , -mi, o la tercera persona singular del pluscuamperfecto pasivo subjuntivo de la cuarta conjugación.

Hoy en día solo un lunático puede seguir pensando que aprender reglas gramaticales tenga un efecto positivo en el razonamiento lógico de los alumnos, pero sigue siendo objeto de debate cuál ha de ser la forma más adecuada de enseñar las lenguas latina y griega. Aunque se han propuesto toda una serie de métodos, aquí no vamos a ocuparnos de ellos; vamos a insistir, antes bien, en el hecho de que la enseñanza de las lenguas antiguas nunca ha tenido, ni siquiera en la época victoriana, el carácter monolítico o desprovisto de matices que a primera vista cabría suponer. Siempre ha provocado respuestas diversas.

El mundo clásico: una breve introducción, Mary Beard y John Henderson


Otras razones para aprender latín, expuestas en Classics at Home:

16 de mayo de 2015

Cita contra el latín y el griego

fuente

La cita que hay más abajo es lo que se dice a sí mismo Ernest Pontifex, personaje principal de El destino de la carne, de Samuel Butler.

Desde luego que la cita no deja en buen lugar el estudio del latín y el griego (lol), pero la idea que hay detrás de todo el párrafo sí es motivadora. Aclaro que lo que se dice de dedicar el tiempo a cultivar el cuerpo es porque en ese momento Ernest es un adolescente que acaba de entrar interno en un colegio, no se le da demasiado bien estudiar y tampoco los deportes.

[...] el latín y el griego son paparruchas. Cuanto más se conocen, más odiosos se hacen. Las personas más agradables, aquellas que de verdad te gustan, o nunca aprendieron estas lenguas o las olvidaron tan pronto como pudieron y, en cuanto dejaron de obligarlos, jamás volvieron a los clásicos. Por consiguiente, el latín y el griego son tonterías, que estaban muy bien en su tiempo y en los países que los utilizaban, pero que no tienen sentido ahora. Nunca aprendas ninguna cosa hasta cerciorarte de que serás un desgraciado si no la sabes. Cuando sepas que puedes aprender esto o aquello, o que vas a necesitar pronto este o aquel conocimiento, es mejor que lo aprendas cuanto antes, pero hasta entonces, dedica tu tiempo a cultivar tu cuerpo, porque te será más útil que el latín y el griego y, además, nunca podrás hacerlo si no lo haces ahora, mientras que el latín y el griego los puedes aprender a cualquier edad si estás interesado.

Nota: El destino de la carne es una olvidada novela victoriana, escrita entre 1873 y 1884, publicada en 1903. Narra la historia de Ernest, comenzando por la de su bisabuelo, a través de las palabras del padrino del chico, Overton. Es una novela de estilo ágil, con frecuentes disgresiones por parte del narrador, que a mí me han resultado muy interesantes de leer. Todo el libro es una crítica a la parte más oscura de la sociedad victoriana.

24 de octubre de 2012

Cambiamos de libro de mitología griega y romana

El libro La mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de Grecia, de Fernán Caballero, no nos ha enganchado en su lectura. Lo hemos abandonado tras  cinco capítulos.

El estilo de contar las historias me parece recargado y enrevesado. Quizás este estilo literario casaba bien con la época en que se publicó el libro allá por el siglo XIX, pero tantas florituras a mí me cortan la lectura, porque me fijo más en cómo dice las cosas que en lo que dice la autora. J directamente dejaba de prestar atención.

Me sobra además el paternalismo empleado en la exposición de los mitos, con el aire de yo soy el profesor -profesora en este caso- y tú escucha para aprender lo que yo te digo. ¿Cómo si no se explica esta frase: "para que tengáis presente que más me ha costado a mí en tiempo y trabajo el escribir estos apuntes sobre la Mitología, que a vosotros costará el leerlos"?

Hay adjetivos y opiniones personales que sobran. Ya sabemos todos que para el cristianismo los mitos son paganos. Pero, ¿hay necesidad de recordarlo una y otra vez, y además de interpretar cada uno de ellos a la luz del cristianismo? No se puede criticar de esa manera una creencia, una explicación del mundo que se dieron los antiguos, en este caso griegos.

Cuando además aún no existía el cristianismo. Sobra por tanto tanta apología, que va destinada a lectores modernos y que en nada les ayuda a comprender la mitología. Si acaso, les ayuda a prejuiciarla mientras leen sobre ella, a la luz de sus creencias religiosas cristianas. ¿Lo haría Fernán Caballero para que no fuera censurado el libro o porque realmente sentía que debía hacer de menos los mitos y así evitar que los que leyesen su libro se pasasen a adorar a dioses griegos? Me resulta muy difícil entender que alguien escriba sobre algo que aparentemente le parece digno de enseñar a los niños, y que al mismo tiempo les esté transmitiendo que todas esas historias son desvaríos de unos cuantos griegos antiguos, que se pasaron con el ouzo una noche. Lo del ouzo es porque me recuerda a Corfú y los Durrell. Sería más bien vino.

"Los hombres olvidados del verdadero Dios, su Criador, inventaron divinidades a su albedrío; porque en el alma que Dios crió con soplo divino, existe siempre un anhelo, una necesidad de elevarse y someterse a un poder superior, que se adora, se respeta y se invoca. Cuando el hombre ya no siente esas altas y divinas inspiraciones... compadecedle, porque ahogó su alma".

Otros adjetivos prejuiciosos: 
    espíritus extraviados, 
    estéril culto, 
    religión de los paganos disparatada, descompuesta y hasta criminal (vale, aquí le doy la razón, que se mataban entre ellos muy fácilmente, y Júpiter se pasaba los días persiguiendo a ninfas y hermosas doncellas para... bueno, para lo que las puede perseguir un dios así), 
    idolatría...

En resumidas cuentas, que cambiamos de libro. Hemos escogido uno por recomendación de mi amiga Upe, llamado Mitología griega y romana, de Humbert, que ella leyó hace años y del que guardaba muy buen recuerdo.


El libro es sencillo y ameno. Está muy indexado, de manera que se puede usar como libro de consulta fácilmente. Tiene una sección sobre personajes de la Odisea, la Ilíada, fábulas griegas. Para niños y jóvenes. De este sí puedo decir que a J le está gustando su lectura.