12 de junio de 2012

No lo volvería a leer

Sentía hace años la curiosidad de leer La invención de Hugo Cabret (Brian Selznick), una novela gráfica que alterna pasajes escritos con otros dibujados en blanco y negro, que se ajustan entre ellos: hay partes de la novela que se explican mediante las historias que cuentan los dibujos.

Aproveché pues que tengo un hijo en su 'primera adolescencia' para sacar el libro y leérselo. Me parece una buena idea, porque el libro me ha decepcionado bastante y de ser por mí sola hubiese abandonado la lectura tras los primeros capítulos.

La idea de alternar texto y dibujos es buena, pero la historia es bastante aburrida, literariamente hablando: los personajes son planos y los niños hablan como si tuvieran cuarenta años; apenas se saca partido de las personalidades que podrían ser interesantes (el amigo de los niños, Etiènne, por ejemplo, o el inspector de la estación). También el libro es aburrido por su temática. Yo no encontré la pasión del autor al escribir, ni verdadero misterio en la historia de un niño que vive en una estación de tren en el París de los años 30.

Pero para gustos se hicieron los colores, y la opinión de J sobre este libro es que le gusta mucho, porque es una historia de misterio sin ser de miedo.

11 de junio de 2012

Es lunes; ¿qué leéis?

Nosotros leemos ahora:

Con J (de casi 8),

La invención de Hugo Cabret, Brian Selznick
Los niños del agua, Charles Kingsley
Fábulas, Leonardo da Vinci
Anécdotas de santos
Mitos de Memoria del fuego, Eduardo Galeano
Los mimpins, Roald Dahl

Con V (de 3),

La bola de cristal, hermanos Grimm
Cuentos, Beatrix Potter
Cuentos clásicos adaptados de un par de libros que teníamos por casa, sobre todo de princesas, claro, aunque también de la sirenita y los siete cabritillos

Los míos,

Sin nombre, Wilkie Collins
Mitten strings for God, Katrina Kenison
Ana de las Tejas Verdes, L. M. Montgomery
Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift, de donde es la cita de abajo


En la escuela de arbitristas políticos pasé mal rato. Los profesores parecían, a mi juicio, haber perdido el suyo; era una escena que me pone triste siempre que la recuerdo. Aquellas pobres gentes presentaban planes para persuadir a los monarcas de que escogieran los favoritos en razón de su sabiduría, capacidad y virtud; enseñaran a los ministros a consultar el bien común; recompensaran el mérito, las grandes aptitudes y los servicios eminentes; instruyeran a los príncipes en el conocimiento de que su verdadero interés es aquel que se asienta sobre los mismos cimientos que el de su pueblo; escogieran para los empleos a las personas capacitadas para desempeñarlos; con otras extrañas imposibles quimeras que nunca pasaron por cabeza humana, y confirmaron mi vieja observación de que no hay cosa tan irracional y extravagante que no haya sido sostenida como verdad alguna vez por un filósofo. 
Pero, no obstante, he de hacer a aquella parte de la Academia la justicia de reconocer que no todos eran tan visionarios.

8 de junio de 2012

Educación neoclásica

Existen varias formas de interpretar lo que es una educación clásica. En este artículo me referiré en concreto a la que se conoce como neoclásica y que tuvo su origen en una ponencia de la traductora y escritora británica Dorothy L. Sayers*, expuesta en Oxford en 1947, y que se continúa con lo reflejado en el libro de Susan Wise Bauer y Jessie Wise, The Well-Trained Mind.

Si queréis leer este artículo completo, hoy en Homeschooling Spain.

4 de junio de 2012

Ciencia a veces incomprensible


Una cita de Los niños del agua, de Charles Kingsley. Leyéndola he pensado que mucha gente debe tener esta opinión de la ciencia. Así nos va.

Citaron a todos los médicos del condado  para dar un informe sobre el caso y, evidentemente, todos se contradijeron de forma rotunda entre ellos: si no, ¿qué utilidad hay en ser hombres de ciencia? Al final, la mayoría se puso de acuerdo en redactar un informe en lengua verdaderamente médica: la mitad en mal latín, la otra mitad en un griego todavía peor y el resto en lo que habría sido inglés, si hubieran aprendido a escribirlo. Empezaba así: 
"Las anastomosis subanhipaposupernales de diaceluritis peritómica en la región encefalodigital del distinguido individuo de cuyos fenómenos sintomáticos tuvimos el triste honor (subsecuentemente a una inspección diagnóstica preliminar) de hacer una inspección diagnóstica, presentando la diátesis interexclusivamente cuadrilateral y antinómica conocida como los folículos azules de Bumpsterhausen, nos dispusimos a..."
Sin embargo, la señora nunca supo qué se disponían a hacer, pues las largas palabras la asustaron tanto que salió corriendo y se encerró en su dormitorio por miedo a ser aplastada por aquellos términos y estrangulada por la conclusión.